jueves, 26 de agosto de 2010

madres adolescentes

Madres adolescentes

Criar un hijo a los diecisiete

GUILLERMO ABRIL 20/09/2009

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Son minoría. Eligieron dar a luz. Ésta es la historia de unas mujeres, de edades diferentes, que en su momento decidieron seguir adelante con su embarazo. Eran menores. Y parieron sin saber el vuelco que daría su vida.

Cuando habla, le brilla el corrector dental bajo los labios. Ainhoa Ceache tiene 17 años, el pelo recogido en una cola de caballo, viste pantalón de chándal. En el salón huele a bebé y a siesta. Sentada en el sofá junto a su novio, dice: ?Adrián y yo nos conocimos en las fiestas de Alcorcón [Madrid], en septiembre de 2007. A los cuatro meses me quedé embarazada. Como no me bajaba la regla, fui al ambulatorio y allí me lo dijeron. Lo primero que sentí? Me asusté. El médico me dio un plazo: ?Tienes 15 días para contárselo a tus padres?. Tardé una semana en decírselo. Mi madre casi me mata?. Ocurrió un viernes de principios de 2008, iban juntas en el coche. Ainhoa murmuró: ?Mamá, el lunes va a venir Adrián a casa. Tenemos algo que contaros?. Su madre, casi con un sexto sentido, le respondió con otra pregunta: ?¿No estarás embarazada??.

�Toda mi familia quería que abortara. Me decían que lo que tenía dentro era como un garbancito. Pero me negué�

Tomás García sabe quién es su padre biológico. Se lo cruza en la calle. �Pero de relación, cero�, dice. �Y ni trauma ni nada�

�Cuando tienes esa edad, crees que lo sabes todo. Ahora lo veo diferente. Pienso en mí entonces y sé que era una cría�

Una potente llorera se filtra, de pronto, hasta el salón desde el piso de arriba del chalé. Gesto de alerta en el rostro de la adolescente. Se rompe el hilo de la conversación y a Ainhoa se le afilan las orejas. Medio segundo, y sus piernas se ponen tiesas, como si tuvieran un resorte conectado a la llamada de auxilio. Hasta este momento costaba imaginársela como madre. En pie, presenta el grito: ?Ése es Adrián?. Su hijo. Y desaparece como un rayo escaleras arriba.

Lo primero que hizo la madre de Ainhoa al conocer la noticia fue llamar a la mayor de sus hijas. ?Esta niña tiene que ir directamente a abortar?, se dijeron. Cuando se lo contó a su marido, el futuro abuelo, éste guardó silencio unos instantes y luego le empezaron a castañetear los dientes. No fue capaz de articular palabra. La hermana mayor de Ainhoa está casada, tiene 36 años, un hijo de dos y otro de cuatro. Le saca 19 a la menor de la familia, una vida. Pero los primos, los hijos de ambas, se están criando juntos, como si el embarazo prematuro de la pequeña hubiera devuelto el equilibrio familiar. Comparten juguetes, ropa, el parque que se encuentra en mitad del salón. Hasta hace un minuto, los tres críos dormían la siesta con la abuela. Adrián (hijo) entra en escena en brazos de su madre adolescente. Siete meses, 10 kilos. No llora. Ainhoa lo sienta en la silla, abre un tarro de potitos, le cuelga el babero. Aparecen también los primos y una abuela exultante: ?Se han ido acostumbrado a mis ronquidos?.

Ahora, todo son bromas. Pero hubo gritos. Lloros y peleas. Portazos, cenas a medias. Ainhoa lo explica con la cuchara en la mano enfilada hacia la boca de su hijo: ?Toda mi familia quería que abortara inmediatamente. Me decían que lo que tenía dentro era como un garbancito. Que no pasaba nada por hacerlo. Pero me negué. Yo no soy capaz de matar a un ser humano?. A las seis semanas, su madre la acompañó a hacerse la primera ecografía. Intentó convencer a la hija con el poder de la imagen: ?¿Ves?, ahora mismo no es nada, como un garbanzo?, le dijo. El reloj corría. Ainhoa ganaba el pulso y la familia acabó asumiéndolo. ?Fue un disgusto tremendo?, dice la hermana mayor. ?Pero cuando vimos que iba para adelante, lo aceptamos con resignación. Y nos pusimos a ayudar?.

Un embarazo adolescente es un embarazo indeseado. Esto es algo que apenas plantea dudas a psicólogos y trabajadores sociales con años de experiencia en maternidad juvenil. Tampoco a las mujeres entrevistadas para este reportaje: ninguna pensó en ser madre hasta que el test de embarazo dio positivo. No buscaban un hijo. Pero todas siguieron adelante. Con la nueva Ley de Salud Sexual y Reproductiva en camino, el debate se ha trasladado hacia la capacidad de decisión de una adolescente: ¿puede una chica de 16 años abortar sin el consentimiento de sus padres? La ministra de Igualdad, Bibiana Aído, el rostro que ha defendido esta futura Ley del aborto, ha asegurado en varias ocasiones que de esta forma se evitaría que las jóvenes acudan a clínicas ilegales, poniendo en riesgo su salud, por temor a reconocer ante sus padres que han fallado como hijos, que han cometido un error. Pero también existe una cara B del aborto adolescente. El de las menores que dijeron sí a la maternidad sin saber muy bien qué implicaba ni el vuelco que iba a dar su existencia. Ellas también decidieron. Y son minoría. En España, 10.700 adolescentes se quedaron embarazadas en 2007, el doble que hace 10 años, según el último dato publicado por el Ministerio de Sanidad; 6.273 de ellas lo interrumpieron voluntariamente. Unas 4.400 menores acabaron pariendo. Y esta decisión cambió su vida.

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